No queda ninguna fotografía que revele su existencia, pero ante esta supuesta falta de evidencia se erige el recuerdo de una comunidad que recuerda el edificio donde, hasta hace pocos años, todavía se podían leer las ya gastadas letras de su nombre: Cine
Manuel Ortiz Guerrero.

El Cine Manuel Ortiz Guerrero de la ciudad de Caaguazú fue administrado por dos mujeres, Felicia (Ilsa) y Maria Antonia (Reina) Robertti y sus hijos, en las décadas de 1960 a 1980, en plena dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

Los recuerdos de este cine, llevado adelante por una familia local, siguen presentes en comentarios y anécdotas de la comunidad que forman parte de la memoria histórica para describir una época, una actividad cultural y un negocio familiar que hoy está extinto.

Aún quedan restos de esa sala de cine: el antiguo proyector, latas de película, boletas, cuadernos de registro de taquilla y juguetes de mercadotecnia.

Fue el Padre Luis Otazua (Pa´i Luis), sacerdote español de la congregación franciscana, quien dio el primer puntapié para que el Cine Ortíz Guerrero existiera. Su principal interés era transmitir a sus feligreses contenidos que, a su parecer, estén cargados de valores cristianos, sean educativos y sirvan de entretenimiento sano para la comunidad.

Fue entonces que pidió ayuda a su congregación en Buenos Aires, desde donde donaron los proyectores cinemascope de 35 milímetros. El siguiente paso fue acudir al señor Leonildo Robertti, quien poseía una fábrica de algodón en desuso, e improvisar juntos un salón de cine.

El plan fue exitoso para el objetivo del Pa´i Luis. Él mismo viajaba hasta Asunción a seleccionar las películas y regresaba a Caaguazú con sus insumos culturales. Tiempo después, comenzaba la construcción de la Parroquia Inmaculada Concepción, en 1965 a 1969, por lo que su labor como cinero fue disipándose hasta llegar a un acuerdo en el que cedía completamente el cine Manuel Ortíz Guerrero a la familia Robertti.

Es entonces que comienza una nueva etapa para este cine, convirtiéndose en un negocio familiar. Es en este periodo que el cine Ortíz Guerrero entra en auge, no sólo por la variedad de filmes que proyecta sino por convertirse en el ícono del entretenimiento para la ciudad.